jueves, 27 de noviembre de 2008

UNA APROXIMACION A LA AUTOESTIMA PROFESIONAL DE LOS DOCENTES


En el contexto nacional, uno de los elementos que más ha marcado al gremio docente, es la baja autoestima que poseen sobre su trabajo (Montes, 1996; MINEDUC, 1999; Nuñez, 1999).
Collarte (1990), al tratar de reflexionar sobre las razones de la baja autoestima en profesores chilenos señala:
a) Las expectativas de los profesores son difíciles de determinar.
b) Los profesores a menudo reducen sus objetivos personales a objetivos institucionales.
c) Los profesores muy raras veces reciben una retroalimentación adecuada para su autovaloración.
d) El entorno escolar no conduce de por sí a un sentimiento de valoración.
e) La mayoría de los establecimientos educacionales chilenos no cuentan con un proyecto Educativo con metas y objetivos claros para el profesor.
f) El sistema educacional chileno y por ende sus profesores han sufrido un deterioro importante en los últimos años.
Sin duda, que la condicionante económica, las expectativas personales y profesionales y la percepción social del trabajo docente han incidido en la baja autoestima. A ese respecto, la Consulta Nacional realizada en 1996 por el Ministerio de Educación a los docentes del país, muestra que en relación a la autoimagen del profesorado dentro de las características negativas. En ella la desmotivación (33.8%) y la baja autoestima (19%) son los indicadores más relevantes para los docentes consultados (Revista de Educación, Nº 286, 1996).
Contradictoriamente con lo anterior, en un estudio reciente el CIDE (2000), presentó entre sus conclusiones que, cuando los alumnos obtienen altos rendimientos académicos, los docentes asocian ese hecho al tipo de enseñanza que tienen. Mientras que cuando el alumno tiene bajas calificaciones se debe a su entorno social, estructura familiar, etc. Lo cual hablaría, tal vez, de una autoestima positiva (Diario La Tercera, Junio de 2000).
A partir de lo anterior, podemos dimensionar el importante papel que juega el tipo de autoestima profesional que posea el docente, ya sea en relación a su valía personal o, en mayor medida, en el impacto que esto puede tener en sus alumnos.
Para Reasoner (1984) la clave para desarrollar la autoestima en los niños está en cómo se sienten los profesores con respecto a sí mismos. Supuesto que es confirmado por los mismos docentes al afirmar uno de ellos que: “la buena autoestima de los niños requiere de adultos que también tengan una alta autoestima: profesores y padres” (Bizama, 1995: 14).
Desde una mirada más cognitiva, Catalán (1990) señala que el desempeño de un profesor en el ejercicio de su papel, está íntimamente relacionado, a las cogniciones que él tiene de sí mismo como un profesional de la pedagogía; estás cogniciones conllevan valoraciones que, como ocurre en la autoestima, son determinantes en las formas de pensar, sentir y actuar en el ámbito educacional. (Catalan, 1990).
Carrasco (1993) en otra dirección, señala que la importancia del desarrollo de la autoestima en el profesor radica principalmente en la relación de comunicación que se establece “entre él y los alumnos. La autoimagen que el profesor proyecta afectará y condicionará entonces el crecimiento personal de los alumnos que está formando” (Carrasco, 1993: 60).
Los elementos antes señalados, nos permiten justificar y valorar el significado que posee la autoestima como variable del estudio. Una autoestima positiva posibilitaría, tanto para el ejercicio y desarrollo profesional del docente como para sus los alumnos un adecuado contexto emocional que facilitaría una educación de mayor calidad humana. En este sentido, es importante reflexionar sobre el carácter específico de la autoestima que el docente siente de su trabajo profesional, pues se considera uno de los elementos distintivos de su labor y competencia profesional.